Segunda entrega. Historias verdaderas
La humildad de mi vieja, no le permitía contar sus grandes logros personales, ejemplo, muy pocos saben que, por su promedio en la escuela de enfermería, el diploma lo recibió de las manos de Evita.
Siempre era centro de consulta permanente, desde una picadura de insecto, hasta dilema o buena noticia de un atraso menstrual, había comentarios que eran mejor guardados que por un sacerdote.
Siempre estaba dispuesta a salir donde pariente o no pariente lo necesite…
El viejo, un personaje monumento a la bondad.
Un cuento verdadero que le paso con un cliente, el estado era con diagnostico terminal, suero, y un montón de medicamentos, solo había que esperar su desenlace. Una tarde se encuentra con el médico, les comenta a los familiares que es cuestión de días, que hay que esperar. Ya en la calle le dice a mi viejo, lo dejo en tus manos, cualquier novedad me avisan.
Cuatro veces por día pasaba a cambiar el frasco de suero e inyectar medicamentos. Al segundo día comenzó a reducir los calmantes, al cuarto día el enfermo abrió los ojos, al quinto le dice a la mujer que le ofrezca agua con un algodón mojando los labios. A la semana se sentó en la cama y hacía sentir su mal humor.
Mi viejo les pidió que llamen al médico, cuando vio los cambios increíbles, les preguntó si habían llevado a un curandero, las respuestas fueron risas.
El médico le dijo al viejo, que hiciste, simplemente le fui sacando los calmantes, seguí vos y cualquier cambio avisan.
El paciente vivió con total normalidad cinco años más, ya que falleció en un accidente de tránsito.
Continuará…
Cabeza de Apio 2016
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